logo FA0 FB0 FC0 FD0 FE1

Instituto de psicoterapia de grupo y psicodrama

PSICOTERAPEUTAS

Para solicitar una
entrevista póngase en
contacto con nosotros,
llamando a

 

Teresa J. Berganza

Ana Guardiola

665 835 675

(de 10 a 20 h).

También, a cualquier hora
del día, a través de nuestro
correo electrónico

info@psicoterapiadegrupo.es

 

 

El Instituto de Psicoterapia de grupo es un centro de asistencia clínica y de formación, especializado en tratamientos de psicoterapia de grupo.

Artículos

 

Por Teresa J. Berganza

 

Empujados, agobiados, presionados, desvalorizados, a veces, hasta humillados… Pequeñas agresiones cotidianas, voluntarias o no,  trastornan nuestras vidas,  nos descomponen,  nos desquician.¿Cómo responder a las faltas de respeto? En la pareja, en la familia, en el trabajo existen formas, medios para ser escuchados, para que se nos oiga. Un esfuerzo, a veces más fácil de lo que parece, para afirmar nuestro lugar y estar en paz con uno mismo y con los otros.

En nuestro cotidiano, hasta varias veces al día, nos enfrentamos a numerosas faltas de civismo, groserías o incluso pequeñas vejaciones que agreden nuestra autoestima, nos deprimen y nos hacen dudar de nuestro valor como ser humano respetable. No sabemos como reaccionar. Y es inútil responder con agresividad. Mejor aprender a expresar simplemente quienes somos.

 

Estas pequeñas agresiones casi anodinas, los comportamientos egoístas e incívicos que ponen a prueba nuestra propia estima son debidas, en gran medida, a esa idea individualista de la libertad que consiste en hacer todo lo que se quiere y cuando se quiere sin tener en cuenta al otro. Decía Thomas Hobbes, filósofo inglés del siglo XVII que “el hombre es un lobo para el hombre” y que “la libertad es la ausencia total de trabas susceptibles de desviar una parte de mi poder y prohibirme llevar a cabo todo lo que me apetece”. Sólo hace falta darse una vuelta en el Metro, el muestrario más completo de las patologías psiquiátricas de este país, para constatar que muchas personas, sin tener que haber leído necesariamente a Hobbes, comparten sus ideas.

 

Sería larga la lista para intentar definir lo que es la falta de respeto. ¿Podemos poner en la misma cesta los programas de “tele-basura”, los alumnos que insultan a un profesor, un compañero o compañera que no responde al saludo en el trabajo, un marido que maltrata? ¿Podríamos decir que, finalmente, la falta de respeto es una situación que se siente, pero que no se define?

Es lo que rebaja al otro, le niega  en sus derechos, en su libertad, en su ser, al fin. Es verdad que hay faltas de respeto involuntarias, pero en conjunto siempre vienen de una voluntad de “tocar”, de “llegarle” al otro. A la inversa, el respeto consiste en reconocerle al otro la misma humanidad, el mismo valor que a uno mismo. No es sólo una cuestión de confianza en si mismo, es también lo que nos permite vivir juntos en una sociedad civilizada, lo que nos permite no ser ni víctimas ni verdugos.

Y es que, efectivamente, si bien es verdad que no podemos hacer diagnósticos ni aplicar tratamientos, también es cierto que cada vez mas rechazamos ser tomados como meros cuerpos pasivos y reclamamos el reconocimiento en tanto que sujetos pensantes y hablantes. El gran logro de las psicoterapias es que poco a poco logran hacernos conscientes de que todos tenemos, poseemos un saber acerca de nosotros mismos.

 

El respeto es una actitud existencial que consiste en reconocer que las opiniones, los sentimientos, los deseos de cada uno tienen un valor. Entonces, para inspirar respeto en los demás tenemos que atrevernos a decir si o no, expresar nuestro pensamiento, nuestro desacuerdo, marcharnos cuando una situación nos desagrada o deja de convenirnos (de hacernos felices), no dejar que los otros invadan nuestro espacio vital. Se trata de ser lo que uno es. Pero qué difícil, ¿verdad?

 

¿Quiénes somos, aparte de lo que creemos o de lo que nos gustaría ser? Esto es un enigma, sobre todo cuando nuestra historia personal nos ha mantenido en la ignorancia de nuestros auténticos deseos y de nuestro valor real. Afortunadamente, nunca es tarde para volver a tomar las riendas de nuestra existencia, para hacernos cargo de nosotras mismas y poder afirmarnos en el momento adecuado y en el tono adecuado. Poco importa el método, psicoterapia, psicoanálisis, psicodrama,bghyhhhg  desarrollo personal, práctica espiritual, si el fin consiste en conseguir conocernos mejor para adquirir una verdadera confianza interna y recuperar una autoestima equilibrada, que nos proteja a la vez de creernos el ombligo del mundo (con la susceptibilidad que eso conlleva) y del sentimiento de no ser nada ni nadie.

Ser conscientes de que el respeto y la autoafirmación suponen un esfuerzo continuo. Nunca vamos a estar inmunizados frente a una frase humillante, una reacción inadecuada, un comportamiento agresivo, ya vengan de otros o de nosotros mismos.

Si se habla y se escribe tanto sobre este tema es porque es de lo más difícil. Sobre todo porque no podemos olvidar que la auténtica libertad no es la libertad egoísta del “como quiero, cuando me da la gana”, ésa que reclama el adolescente que se cree el centro del mundo. No, es la que nos permite coexistir en el reconocimiento de las necesidades mutuas. Aquí se juntan la psicología y la filosofía.

Claro que para exigir respeto a los demás habría que empezar por respetarse a uno mismo y ahí es donde nos encontramos los primeros problemas. ¿Cómo voy a dejarme oír, a protestar, a reivindicar un valor que me cuesta tanto concederme a mi misma? Mis complejos, mis miedos, esos que arrastro desde la infancia, cuando se construyen el yo y la autoestima, me llevan a menudo a subestimarme.

Nuestra capacidad de reacción, de autoafirmación depende de todos esos miedos y complejos más íntimos. El miedo a no gustar, el sentimiento de que no valgo gran cosa van a impedirme responder como quisiera a las agresiones.

Primero tengo que respetarme yo.

No hay recetas milagro que nos permitan tomar conciencia de nuestro valor y de nuestro derecho al respeto.

También cambiando actitudes con nuestros hijos, podemos ayudarnos y ayudarles. Todas esas frases a las que no damos importancia van a marcarnos para siempre (“no vales para nada, no llegarás a nada, eres un inútil, ¿de verdad es esta porquería lo mejor que eres capaz de hacer?”…) Humillando al niño, burlándonos de él no vamos a conseguir que se convierta en un adolescente, y más tarde un adulto, sin complejos. Detrás están la  exigencia y la falta de respeto.  Otros padres, brillantes, con mucho talento, muy seguros de sí mismos, rechazan inconscientemente servir de modelo a sus hijos y “rivalizan” hijos y “rivalizan” con ellos. Tampoco ayuda…Un niño puede también sufrir falta de confianza en sí mismo si se identifica con un padre o una madre que es despreciado por el otro.

Por otro lado, la famosa frase de Françoise Dolto “el niño es una persona” se malinterpreta a menudo y se entiende como “el niño es un adulto en miniatura que sabe lo que necesita, dejemos que haga lo que quiera”. Y claro, esto es cómodo porque educar es una dura tarea, pero nos encontramos con niños hoy en día perdidos, sin valores de referencia. Abandonado a sus pulsiones, lejos de aprender a ser autónomo y a afirmarse, arriesga estar oscilando entre la megalomanía y la baja autoestima, sin aprender a conocerse y a autoafirmarse adecuadamente. Nos encontramos así con adolescentes y adultos jóvenes incapaces de hacer frente a la menor frustración, de soportar el más mínimo retraso en la satisfacción de sus ganas, de separarse de su móvil o de la pantalla del ordenador para concentrarse en el estudio… Y también recibimos cada vez más  a otros que vienen a consulta por fobias escolares, aterrorizados y bloqueados por el acoso escolar.

 

En la pareja también es complicado porque la falta de respeto toma las más variadas formas. Puede ir  desde la “distracción” al desprecio, pasando por la grosería y sin olvidar el silencio. La distancia es la medida. Demasiado lejos, te ignoro; demasiado cerca, ya no te veo.

Afirmarse para poder decir “basta” supone ser consciente de la falta de respeto y ser capaz de rechazarla. Estas dos condiciones parecen fáciles y evidentes para aquéllos que han sido respetados en la infancia y que tienen la suficiente seguridad interna para superar el miedo al conflicto.

Cuando no me atrevo a reaccionar, a responder, puede ser muy útil buscar la relación entre la situación presente y otra u otras vividas anteriormente, en el pasado, con nuestros padres. La toma de conciencia es un primer paso imprescindible. Una pobre opinión de uno mismo, el hábito de haberse sentido despreciado o humillado por los padres pueden conducir al adulto a repetir relaciones con el signo del maltrato. Los grupos de psicodrama resultan muy útiles para esta toma de conciencia y para poder decir: “Sufro y ya estoy harta”.

 

A veces parece que el trabajo es el medio en el que más difícil resulta afirmarse y ser escuchado. Muchos de nuestros pacientes acuden a consultar por el malestar que sufren  relacionado con su entorno laboral. ¿Hasta qué punto cuando me quejo no está fluyendo por debajo el sentimiento de “no estar a la altura”?

 

 

La buena educación se enseña, el respeto se transmite. Por eso una persona puede ser de una exquisita educación y amabilidad en sociedad y un auténtico “cafre” en su casa, con su familia.

La buena noticia es que el respeto es contagioso. Si defendemos a los demás cuando vemos que agreden a otros, estaremos más cerca de conseguirlo para nosotros mismos. Porque el que respeta a otros se respeta a si mismo. El mejor camino para recuperar la autoestima.

 

Los grupos de psicodrama son un lugar privilegiado para hablar y escuchar, y la escucha de uno mismo y del otro es el primer paso para “recuperar” el respeto. A través de las emociones, de los estados de ánimo y de la inmensa y valiosa producción inconsciente que el trabajo en grupo posibilita.

 

 

Comentarios  

 
+2 #1 06-03-2012 14:22
Muy buen artículo, amlplio y bueno, me ha gustado mucho.
Citar
 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

banda_azul

PSICOTERAPIAS:

• Psicoterapia de grupo

• Psicodrama

• Psicoterapia individual

INTERVENCIONES PSICOSOCIALES ESPECÍFICAS:

• Terapia de pareja

• Terapia familiar

• Dinámica de grupo en
ámbitos escolar y

laboral

Instituto de Psicoterapia de grupo y Psicodrama



© www.psicoterapiadegrupo.es / Todos los derechos reservados